FACULTAD DE AGRONOMÍA

Programa original: Escuela de Agronomía

Fuente: Antola, S. y Carmona, L. Arquitectura para la Educación. Primeros edificios universitarios 1904-1911. Facultad de Arquitectura. Universidad de la República. Mayo de 1998. pp 43-56.

Uso actual: Facultad de Agronomía
Ubicación: Av. Eugenio Garzón 780 - 809 - 861, Av. Millán, María Orticoechea. Barrio Sayago, Montevideo.
Autor: Arq. Américo Maini
Fecha: 20/2/1907 (piedra fundamental), 25/8/1909 (inauguración).

La convicción en el desarrollo científico de las prácticas agrícolas, como vía al desenvolvimiento económico del país, impulsó la pronta instalación de los estudios de agronomía y construcción de su sede, para dar cumplimiento a los fines de enseñanza, investigación y extensión al medio.

Contratado su primer director, el doctor alemán A. Backhaus, se abocó a la formulación del plan de estudios, aprobado en 1906. Una vez integrado el seleccionado cuerpo docente -en su mayoría de la misma nacionalidad que el director-, se asignó una sede provisoria en tanto se avanzaba en el proyecto de las construcciones definitivas.

Para la elección del predio, se consideraron especialmente las particularidades de estos estudios, en los que el peso de las actividades prácticas demandaba amplios terrenos experimentales. En 1905 se había considerado su ubicación en Toledo, pero seguramente la distancia a la ciudad, hizo desestimar esa iniciativa. Por decreto del 4 de agosto de 1906, se asignaron a las escuelas de Agronomía y Veterinaria parte de los terrenos fiscales existentes en las inmediaciones de la Estación Sayago, ampliándose por decreto del 15 de setiembre del mismo año a la totalidad de las propiedades nacionales en ese paraje. Dado que la Universidad consideraba los terrenos aún insuficientes, éstos fueron complementados por decreto del 13 de octubre de ese año, con 12 há. adquiridas a la sucesión Pereyra, que además regularizaban el perímetro total y disponían de una casa quinta con las comodidades para iniciar los cursos mientras se construía el edificio definitivo (1).

Para entonces, el hoy barrio Sayago constituía un pueblo cercano, en los "alrededores de Montevideo". Era accesible por tranvía de tracción a sangre, por la línea del Ferrocarril del Uruguay y por la carretera a Las Piedras -actual Av. Eugenio Garzón-. La implantación en relación a la ciudad, quedó así determinada por las hectáreas requeridas para su instalación y por la relación con la estructura circulatoria. Hasta 1904, parte de estos campos servían de albergues de tropas y para el pastoreo de las caballadas de regimientos. Con el correr del tiempo, los amplios terrenos asignados a la Escuela de Agronomía, quedaron inmeros en la expansión urbana; de modo que sus jardines, cultivos y arbolado, oficiaron de símbolo del gran tesoro agrario, trabajado como modelo para el territorio nacional.

Las primeras clases se dictaron en la antigua Quinta de Pereyra. Pocos días antes, el 20 de febrero de 1907, ya se había colocado la piedra fundamental de la nueva sede, que se inauguró el 25 de agosto de 1909, en solo dos años, evidenciando la trascendencia otorgada a estos estudios. No obstante, la escasez de registros documentales del acto de colocación de dicha piedra, en comparación a los correlativos de las Facultades de Medicina y de Derecho, deja traslucir cierta categorización de los centros de enseñanza superior por parte de la elite intelectual vinculada al poder político. A pesar de la confirmación de este supuesto en la posterior supresión de su calidad de Facultad -hacia 1908-, el conjunto de organismos y disposiciones legales que fueron apoyando el desarrollo agropecuario, denota la conciencia de su innegable primacía en el destino del país. Acorde a esta misión, el rigor científico alcanzado en las investigaciones desarrolladas lograron reconocimiento internacional (2).

El conjunto de instalaciones pertenecientes a la Facultad de Agronomía, abarcó una extensión de 90 hectáreas, distribuidas entre las construcciones, el campo experimental y la Granja Modelo. El edificio central se destinó a la enseñanza teórica e investigación, mientras que los restantes -de menor jerarquía-, apoyaron las tareas prácticas de explotación y producción, encaradas como modelo para los establecimientos rurales.

El "campo experimental", situado a espaldas del edificio central, con una extensión superior a las 8 hectáreas, se dedicó a investigaciones y ensayos prácticos de los profesores de las cátedras de Agricultura, Silvicultura, Horticultura, Botánica y Zoología. En un extremo de este campo se construyo un apiario modelo, con más de 60 colmenas. El conjunto del sector conformó un parque decorativo, diseñado como modelo de paisaje rural trabajado. En él aún hoy destaca como espacio calificado la senda arbolada, que desde el acceso por la Av. Millán atraviesa el frondoso campo experimental, rematando en la fachada posterior del edificio (Fig. 24).

La "Granja Modelo" se situó al frente del edificio central, separada de éste por la Av. E. Garzón, en un terreno de 67 hectáreas. Fue concebida como el área experimental más importante de la Facultad, destinada al aprendizaje práctico por los estudiantes de la agricultura intensiva y las industrias de granja. El conjunto de actividades allí desarrolladas se basó en una admirable organización, apoyada en un plan metódico.

La antigua casa existente en el predio de la Granja Modelo, fueron dispuestas en su mayoría alrededor de un espacio abierto a modo de plaza, conformando un conjunto armónico como referente de escala frente al lejano horizonte del campo. Estos locales, destinados originalmente a establos para animales de cría y de trabajo, talleres de herrería y carpintería, depósitos de instrumentos y maquinaria agrícola, depósitos de forrajes y graneros, adoptaron un sobrio modernismo acorde a las actividades rurales, (Figs. 25 a 27). Jerarquizando el conjunto, un alto molino de estructura metálica incorporó la dimensión vertical con su sugestiva imagen. La bodega y la lechería para la práctica de los estudiantes, constituyeron modelos en su género. Los campos de la granja, con los viñedos, cultivos hortícolas, viveros y montes frutales, resultaron aleccionadores de lo que puede producir la tierra cultivada con conocimiento.

El edificio central de la Facultad de Agronomía con frente a la Av. Garzón, fue proyectado por el Arq. Américo Maini -profesor de construcción de la Universidad-, en la órbita de la Inspección Técnica de Edificios Escolares (3). Realizó también la dirección de obra, con especial atención en los detalles tanto constructivos como decorativos. La ejecución de los trabajos estuvo a cargo de la empresa del Ing. Adolfo Shaw, que intervino por contrato en diversas obras públicas.

La ubicación del edificio en el amplio predio, atendió a la topografía, enclavándose en un sector elevado para señalar su presencia aún a distancia.

El proyecto acusó la adopción de criterios comopositivos clásicos, apreciables en la simetría según un eje perpendicular a la Av. Garzón y en el ordenamiento tripartito de fachadas. Con espíritu racional, se optó por un partido claro y simple, respondiendo a las necesidades programáticas. El cuerpo principal, paralelo a la avenida, se estructuró a doble crujía con corredor central, manteniendo esta disposición en los tres niveles de subsuelo, planta principal y planta alta. De este modo se logró que todos los locales abrieran al exterior, atendiendo a los criterios higienistas de la época. Dos alas laterales con subsuelo y planta baja, se extendieron hacia atrás definiendo un espacio enjardinado de intermediación entre el edificio y el campo experimental. Las alas se articularon con el corredor principal mediante vestíbulos secundarios, cubiertos con claraboya. El eje compositivo del conjunto, quedó señalado por el volumen de acceso, coronado por la torre de observaciones meteorológicas. Omitiendo la monumentalidad de la entrada frontal, se dispusieron dos escaleras laterales, para ingresar al gran vestíbulo a doble altura cubierto con claraboya. Diseñado como el espacio de mayor jerarquía, se lo ornamentó con yesería coloreada. La baranda de hierro de la planta alta incrementó el atractivo visual, con su diseño de referente modernista, al igual que los herrajes de bronce de las puertas de acceso. Similar ornamentación de yesería y diseño de baranda, animan las cajas de escaleras en los extremos del corredor principal. Rematando el eje compositivo se dispuso el anfiteatro, que con su forma poligonal -luego desvirtuada por una envolvente- avanzó sobre la fachada posterior. Por sus accesos laterales desde el vestíbulo se extendió la ornamentación en yesería, aplicando el criterio de calificar los espacios más representativos (Figs. 28 a 33).

 
 

En las alas laterales de la planta principal del edificio, se ubicaron los laboratorios de química y botánica con sus dependencias y un amplio salón de dibujo y microscopía, el resto de este nivel se destinó a biblioteca, museos, anfiteatro, salones de clase, administración y dirección . En el piso superior, se dispusieron las secciones correspondientes a las diversas cátedras. El nivel de subsuelo se ocupó con los laboratorios de zootecnia y veterinaria, taller mecánico, incubadoras, cultivo de gusano de seda, local para fotografía y depósitos. Los locales se equiparon con todo lo necesario para la enseñanza, tanto en el mobiliario como en las instalaciones para los trabajos prácticos. Las diversas secciones contaron con un despacho para el profesor, amueblado para el alojamiento permanente en la facultad.

En una actitud de modernidad que reflejó el pensamiento de la época, se procuró aplicar a la construcción del edificio los avances técnicos disponibles. De ello da cuenta la cubierta del anfiteatro, compuesta de una armadura de hierro recubierta de zinc, de la que se colgó una bóveda simulada de metal desplegado y hormigón, revestida en yeso moldurado. La torre destinada a observaciones meteorológicas, se construyó con cemento armado. También se incorporaron materiales no tradicionales, como el ladrillo de vidrio, utilizado en el piso del vestíbulo y los corredores de planta baja para iluminar el subsuelo. Lo más novedoso, consistió en la intención de proveer al edificio de un sistema de calefacción, para lo cual el Ministerio de Industrias, Trabajo e Instrucción Pública, se asesoró con el Consejo Nacional de Higiene, respecto a su necesidad para obtener condiciones de habitabilidad. Dejando entrever lo ambicioso y pionero de la iniciativa, el informe que dio respuesta a la consulta señalaba: " [...] no se tiene noticia de que exista entre nosotros algún edificio público dotado de un sistema de calefacción [...]" (4). Aún cuando finalmente se concluyó que ello no era necesario, la propuesta denotó la actitud de avanzada en el uso de nuevas tecnologías (Fig. 34).

En cuanto a la expresión exterior del edificio, se le otorgó un carácter menos monumental que a las Facultades de Medicina y de Derecho, atendiendo a las particularidades de la enseñanza en él impartida y a su ubicación suburbana. Para atenuar la imposición de su masa al paisaje circundante, el volumen se enscalonó, desde el amplio basamento a la planta alta, rematando en la esbelta torre central. Las fachadas principal y posterior, de aproximadamente 80 metros de largo, se modelaron con las sombras provocadas por las salientes de la torre, anfiteatro, alas laterales y un interesante juego de cornisas.

La actuación del Arq. A. Maini, inscribió al edificio en la serie de locales educacionales contemporáneos, cuyos lenguajes eclécticos incursionaron en el modernismo. Ello es observable en el diseño de ciertas molduras, en los dinteles en arco rebajado y particularmente en los recuadros de ladrillo, produciendo una discreta policromía con los revoques en imitación piedra arenisca (Figs. 35 y 36).

Con el tiempo se han ido produciendo diversas modificaciones en el edificio original, que en su mayoría desmerecen su concepción. Entre ellas corresponde señalar la destrucción casi total del observatorio meteorológico que remataba el cuerpo central, la construcción de un volumen rectangular envolvente del anfiteatro alterando las proporciones del espacio enjardinado posterior, la construcción en el vestíbulo de acceso de una casilla de vigilancia en ladrillo visto contrastando fuertemente con la yesería, y la sustitución en los cuerpos laterales de algunos postigones de madera por cortinas de enrollar plásticas (Figs. 37 y 38).

Recientemente se han realizado trabajos de mantenimiento en el exterior, con reparación de revoques, molduras y pintura de fachada. Si bien se ha cambiado su coloración original, los tonos empleados no distorsionan el carácter de la obra. Correpondería en la oportunidad, atender los aspectos negativos generados por las alteraciones señaladas.

Los amplios terrenos de la Facultad de Agronomía -aunque reducidos por el traslado a Progreso de algunas actividades y a pesar de las numerosas construcciones agregadas a sus instalaciones-, constituyen aún un islote verde atravesado por la Av. Garzón. Ofician de borde del tejido residencial, que se fue consolidando con pautas morfológicas diversas -permanencia de casas quinta en grandes lotes, viviendas unifamiliares con jardín, conjuntos habitacionales-. La estructura circulatoria jerárquica, opera de soporte de una periferia desarticulada. En este contexto, tanto el edificio como sus espacios contiguos enjardinados, revelan aún una atmósfera particular, que refiere a la dedicación que requiere la producción agrícola.


(1) ALONSO CRIADO, Matías. Op. cit. Tomo XXIX. pp. 429-431, 476-477, 540-542.

(2) En esta Facultad, Escuela o Instituto, como se denominó en distintas épocas, se formaron los Ingenieros Agrónomos, Peritos Agrónomos y Capataces Rurales, que posteriormente desde diversos organismos realizaron una intensa labor. El cuerpo docente realizó viajes de estudio para perfeccionarse, y abordó la extensión al medio elaborando informes, dictando conferencias, realizando publicaciones -como la del Dr. A. Backhaus y el Ing. J. Machiavelo "Los factores de la producción agro-pecuaria en el Uruguay"-. La reputación ganada en los centros científicos europeos, mereció la transcripción de trabajos nacionales, en reconocidas revistas agronómicas, así como la prosecución de investigaciones científicas aquí iniciadas. Ver: MAESO, Carlos. Op. cit. p. 110 y "El libro del Centenario 1825 - 1925". Mdeo. 1925. p. 198.

(3) Por decreto del 3 de agosto de 1907, se creó la Inspección Técnica de Edificios Escolares, anexa a la Sección Arquitectura y Dibujo del Departamento Nacional de Ingenieros. Se conformó con tres arquitectos y dos dibujantes. Como arquitectos fueron designados Américo Maini, Alfredo Jones Brown -que ya integraban la Sección de Arquitectura y Dibujo- y Oscar Emilio Conforte. La creación de esta Inspección se fundamentó en la importancia adquirida por la edificación escolar y en la conveniencia de que los profesionales se especializaran en estos programas, para "combinar sus ideas artísticas y constructivas, imprimiento a los diversos modelos adoptados en otros países las modificaciones que aconseje la experiencia escolar en el nuestro". Ver: ALONSO CRIADO, Matías. Op. cit. Tomo XXX. pp. 501-504.

(4) MILLOT GRANE, H. "La calefacción artificial en Montevideo", en Revista de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos. Año II. Nº 18. Mdeo. 1909. p. 274-275.